viernes, 21 de marzo de 2014

Ley de Seguridad Privada: Algunas opiniones sobre la nueva norma

GOBIERNO Nueva Ley de Seguridad Privada
Interior podrá obligar a contratar vigilantes en las manifestaciones

Fuente: elmundo.es - MARISA CRUZ  - 21/03/2014

La Ley de Seguridad Privada, aprobada ayer en el Congreso con los votos de PP y CiU -y parcialmente por el PNV-, deja en manos del Gobierno la potestad de obligar a quienes organicen un «evento» a contratar para el mismo seguridad privada.

Así se desprende del artículo 51 de la norma que, a falta de desarrollo reglamentario y definiciones precisas, deja abierta la consideración de «evento», que podría ser, según la oposición, una manifestación, una concentración o un acto deportivo, lúdico o popular.

Éste es uno de los aspectos más polémicos de una ley duramente criticada por PSOE, UPyD, Izquierda Plural, Grupo Mixto e incluso PNV. Todos entienden que la nueva norma amplía muy notablemente las competencias de los agentes de seguridad privada y pone a disposición de las empresas de este sector un negocio goloso adentrándose en un territorio que, mantienen, debería estar exclusivamente reservado a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Desde el Partido Popular y desde el Gobierno se responde que no está «en el espíritu de la norma» ni en el ánimo del Ejecutivo controlar, y en su caso disolver o reprimir, manifestaciones puesto que las mismas constituyen un derecho fundamental. De hecho, aseguran que lo que se pretende tanto con esta ley como con la de Seguridad Ciudadana es «garantizar al máximo el ejercicio pacífico» de dicho derecho.

Definir evento

En todo caso, las precisiones que acoten lo que se entiende por evento deberán esperar a un futuro desarrollo reglamentario. Hoy por hoy, lo que estipula el artículo 51.2 de la ley de Seguridad Privada es que las personas físicas, jurídicas, públicas o privadas podrán dotarse de medidas de seguridad privada.

Y añade: «Reglamentariamente, con la finalidad de prevenir la comisión de actos delictivos contra ellos o por generar riesgos directos para terceros o ser especialmente vulnerables, se determinarán los establecimientos e instalaciones industriales, comerciales y de servicios y los eventos que resulten obligados a adoptar medidas de seguridad, así como el tipo y características de las que deban implantar en cada caso».

El apartado tercero establece, además, que «el Ministerio del Interior o, en su caso, el órgano autonómico competente, podrá ordenar que los titulares de establecimientos o instalaciones industriales, comerciales y de servicios y los organizadores de eventos adopten las medidas de seguridad que reglamentariamente se establezcan».

El PSOE no tiene dudas. De acuerdo con su interpretación al cruzar la Ley de Seguridad Privada -aprobada ayer- con el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana que se encuentra en fase de consultas en los órganos constitucionales, la posibilidad de que agentes privados controlen y disuelvan manifestaciones o concentraciones está sobre la mesa. Así se deriva del artículo 23.2 del proyecto de Seguridad Ciudadana. En esta lectura coincide también el catedrático de Derecho Penal Javier Álvarez.

Zonas públicas

Otro de los aspectos especialmente polémicos de la ley es el que hace referencia a la facultad que tendrán los agentes privados para detener o retener en zonas públicas. Según el Ministerio del Interior, la Ley de Enjuiciamiento Criminal ya habilita a cualquier ciudadano a hacerlo en determinadas circunstancias.

El artículo 41 de la ley ha suscitado enconadas críticas, incluso con la redacción retocada que llegó del Senado y en la que se excluía la posibilidad de que los agentes privados vigilaran zonas peatonales comerciales. Sin embargo, el texto final aprobado precisa que esta actividad sí podrá realizarse en «parques o complejos comerciales y de ocio que se encuentren delimitados», así como en «recintos o espacios abiertos» también delimitados.

También varió el Senado la redacción que aprobó el Congreso sobre la potestad a los vigilantes de perseguir a los delincuentes «sorprendidos en flagrante delito aun cuando no guarden relación con las personas o bienes objeto de su vigilancia y protección».

No obstante, los agentes de seguridad privada sólo podrán detener a delincuentes y ponerlos a disposición de las Fuerzas de Seguridad cuando sean sorprendidos en flagrante delito «en relación con las personas o bienes objeto de su vigilancia y protección». Los vigilantes podrán anotar los datos personales de esos detenidos pero, a diferencia del texto inicial, no podrán hacer averiguaciones sobre esos datos ni comprobarlos.
Olabarria crítica la "filosofía" de la ley de Seguridad privaDa

El PP saca adelante la norma con el apoyo parcial de los jeltzales, que logran salvar el escrupuloso respeto a las competencias en esta materia

Fuente:deia.com - J. NÚÑEZ - Viernes, 21 de Marzo de 2014

BILBAO - Tras la incorporación de las enmiendas introducidas a su paso por el Senado, el Congreso de los Diputados dio ayer el visto bueno a la nueva Ley de Seguridad Privada con los votos favorables de PP y CiU, y con apoyo parcial del Grupo Nacionalista en el hemiciclo, que criticó la filosofía que subyace en este proyecto de ley. El diputado Emilio Olabarria, que defendió la postura del PNV en esta materia, dejó claro que a la formación jeltzale no le gusta la "filosofía básica" de esta ley porque, a su juicio, "se está creando algo que se puede aproximar mucho a lo que se podría denominar Estado casi policial".

Sin embargo, el PNV apoyó parcialmente el proyecto porque en él, y a diferencia de otras leyes aprobadas en el Congreso de los Diputados gracias a la mayoría absoluta del PP, hay un respeto escrupuloso a las competencias autonómicas en materia de Seguridad. De este modo, Euskadi, al igual que Catalunya, podrán autorizar el funcionamiento de las empresas privadas de seguridad, así como formar, habilitar e inhabilitar a los agentes integrantes de estas empresas.

Si el PP defendió el proyecto asegurando que "garantiza más y mejor seguridad para todos los españoles" -tal como aseguró el diputado Conrado Escobar-, para la mayor parte de la oposición esta nueva ley privatiza la seguridad en detrimento de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Para el PSOE, en boca del diputado Antonio Trevín, "no todos los españoles van a tener a partir de ahora el mismo grado de seguridad". Mucho más frontal fue el rechazo de ERC y Amaiur. Según Teresa Jordá, diputada de la formación catalana, "fascitas con placa de vigilante podrán actuar como policías a partir de ahora".

PAPEL DE LOS VIGILANTES

Y es que los aspectos más polémicos de esta nueva Ley de Seguridad Privada son los referidos a las competencias que otorga a los agentes de seguridad privada en su artículo 41. Tras los acuerdos alcanzados por PP y CiU en el Senado, finalmente los vigilantes no podrán patrullar por las zonas comerciales.

Sin embargo, sí se mantienen el resto de funciones que figuraban en el redactado original, de manera que los agentes de seguridad privada podrán hacerse cargo del control del perímetro exterior de las cárceles y los centros de extranjeros.

También, con autorización previa, los agentes jurados podrán vigilar polígonos industriales y urbanizaciones -incluidas sus vías o espacios de uso común-, complejos o parques comerciales y de ocio que se encuentren delimitados así como acontecimientos culturales, deportivos o cualquier otro evento de relevancia social que se desarrolle en vías o espacios públicos o de uso común.

La seguridad, privatizada

Fuente: elconfidencial.com – Antonio Casado - 21.03.2014

Ni en sueños habríamos imaginado a una diputada de Amaiur (coalición próxima a los objetivos políticos de ETA), Onintza Enbeita, defendiendo el fuero institucional y profesional de los Cuerpos de Seguridad del Estado frente a unos “matones de discoteca jugando a policías”. Como lo oyen. No muy distinto de lo dicho por la portavoz de ERC (republicanos e independentistas catalanes de izquierdas), Teresa Jordá, asimismo partidaria de que sean los poderes públicos, “y no fascistas con una chapa”, quienes se ocupen de mantener el orden y cuidar de nuestra seguridad. Si no me creen, miren las crónicas de la sesión de ayer en el Congreso de los Diputados, donde quedó lista para el BOE la nueva Ley de Seguridad Privada.

Con menos estridencias verbales e igualmente opuestos a abrir el campo de actuación de las compañías privadas de seguridad (1.400 en toda España) y la ampliación de competencias a sus “vigilantes” (80.000), se mostraron los representantes del PSOE, Izquierda Unida y UPyD. Estas fuerzas políticas se han venido empleando a fondo durante la tramitación del proyecto. Se temen, con razón, que la nueva ley puede llevarse por delante el viejo principio democrático de al Estado le toca ejercer el monopolio de la violencia cumpliendo y haciendo cumplir la ley.

El adiós a la ley vigente desde 1992 abre excelentes oportunidades de negocio a las compañías privadas de seguridad, últimamente alicaídas con la desaparición del supuesto terrorista y el desplome en la demanda de 'escoltas'

No ven por ninguna parte ese riesgo los partidos que ayer unieron sus votos en apoyo de la ley. También es para reflexionar que el PP, patrocinador parlamentario del texto remitido por el Gobierno Rajoy, haya coincidido con los nacionalistas catalanes (CiU) y vascos (PNV) en respaldar un peligroso paso hacia la privatización de la seguridad ciudadana. Porque sólo así cabe interpretar que los vigilantes dejen de actuar en régimen de “subordinación” a los agentes públicos y empiecen a actuar en régimen de “coordinación”.

A partir de ahora esos vigilantes (empleados de empresas con ánimo de lucro, ojo al dato) podrán actuar en espacios públicos cuando hasta ahora sólo podían hacerlo en recintos privados, pararnos, identificarnos, cachearnos, hacer tareas de vigilancia en las cárceles, prevenir “actuaciones contrarias a la ley”, detener en caso de “delito flagrante”, etc. Si cruzamos estas novedades con la suavización de las condiciones para ser contratados en una empresa de seguridad, la preocupación se dispara. Entre otras cosas, desparece la estricta exigencia de ser ciudadano español. O la de estar libre de antecedentes penales, que se mantiene únicamente en el caso de delitos dolosos.

En aras de la pulsión privatizadora que anima a este Gobierno, el adiós a la ley vigente desde 1992 abre excelentes oportunidades de negocio a las compañías privadas de seguridad, últimamente alicaídas con la desaparición del supuesto terrorista y el desplome en la demanda de “escoltas”. La nueva ley les regala con muchos años de retraso la famosa doctrina Ansuátegui, aquel viejo delegado del Gobierno en Madrid que se hizo famoso por la frase “el que quiera seguridad que se la pague”. Habida cuenta que los Cuerpos de Seguridad del Estado están cada vez peor dotados en medios materiales y humanos, nadie debe sorprenderse si para organizar ciertos eventos (fiestas del barrio, maratones, marchas de protesta…) va a acabar siendo obligatoria la contratación de seguridad privada por parte de los organizadores.

Quedamos a la espera de los reglamentos que, por cuenta del Ministerio del Interior, deben desarrollar la ley que hoy aparece en el BOE.